Ayer, se ha conmemorado el Día Mundial de los Pacientes Trasplantados, una fecha establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que tiene como objetivo fomentar y concientizar sobre la cultura de donación de órganos.
En Argentina 6964 personas se encuentran en estos momentos esperan un trasplante para salvar su vida, de acuerdo al Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai).
Donar es un acto de amor. Es fundamental tomar conciencia de la importancia que tiene esta práctica que tiene como fin ayudar al otro. LAGACAETA.com dialogó con tucumanos trasplantados y contaron cómo cambió su vida tras recibir un trasplante.
Héctor Etín Manca, de 58 años, fue trasplantado de hígado en el año 2003. La donación cambió su calidad de vida y le permitió cumplir sus sueño de dedicarse al deporte. Emocionado relató cómo vivió ese proceso. "Cuando los médicos te dan el diagnóstico lo primero que se te pasa por la cabeza es por qué a mí. Fue un momento de mucha angustia", relata.
En 1996, Héctor fue diagnosticado con la enfermedad de Wilson, debido a su avance la única solución era un trasplante hepático. "El camino hasta llegar a la donación no fue fácil. En esa época no se hablaba del tema".
"Un día sufrí una fuerte descompensación y fui internado en el hospital Regional. Sin embargo, la única solución era ir a Buenos Aires debido al deterioro de mi salud. Para ello, se necesitaba un avión sanitario y en la provincia no había. Ante esa situación tomé la decisión más difícil de mi vida, me saqué el suero y me escapé del hospital", recordó con la voz entrecortada.
Manca afirmó que su única meta fue "resistir". "Tengo dos hijos que eran adolescentes y quería poder verlos crecer para que puedan valerse por sí mismos", dijo. "El trasplante me devolvió la vida y además me dio calidad de vida que no tenía. Es un regalo que te da una nueva oportunidad", completó.
Mariano Zelaya tiene 27 años y fue trasplantado de riñón en el año 2020. "Todo comenzó hace dos años atrás. Comencé a verme pálido y tenía distintos síntomas, fui al médico para realizar análisis, y los resultados arrojaron que tenía una insuficiencia renal. En ese momento comencé con la diálisis durante un año y ocho meses".
Explicó que tras el diagnóstico fueron meses complicados debido a que el proceso de diálisis y espera del órgano tiene un impacto fuerte en lo emocional. “El milagro sucedió 24 horas antes de mi cumpleaños. Me llamaron y me dieron la noticia que estaba en procedimiento de trasplante. Al día siguiente me operaron”.
Una nueva oportunidad
“Soy el reflejo del milagro de la donación de órganos. Todo lo que puedo vivir hoy no sería posible si alguien no hubiera manifestado su decisión de ser donante”, sostuvo Eduardo Sorroza, de 32 años, quien fue trasplantado de pulmón.
Fue diagnosticado a los 13 años de Bronquiectasias Bilaterales Crónicas, una afección en la que las vías respiratorias mayores de los pulmones se dañan. "Tuve una adolescencia normal. La enfermedad fue controlada a través del tratamiento. Pero, al pasar el tiempo mi función respiratoria comenzó a disminuir notablemente debido a que las infecciones aumentaron de manera recurrente, y produjeron mucho daño en los pulmones. Esto me llevó al uso del oxígeno. Tanto en mi casa como para salir, no podía realizar ninguna actividad sin ayuda. La única solución era un trasplante".
Sorroza indicó que estuvo tres años en lista de espera del Incucai. "Mi vida después del trasplante dio un giro de 180°. Ahora puedo respirar sin sentir la falta de aire, realizar actividad física, trabajar, jugar con mis sobrinos que tanto amo. Puedo planear un futuro a largo plazo con mi esposa".
Viviana Cabrera comenzó su proceso de diálisis en 2010, tras descubrir en un estudio de rutina que sus riñones no estaban funcionando correctamente. Hoy, destacó la importancia de la donación de órganos y pidió generar conciencia sobre el tema. "Es una práctica solidaria y desinteresada para no solo salvar la vida, sino que la mejora. Es un acto de verdadero amor", remarcó.
Producción periodística de Nicolás Córdoba